
El reloj en el tablero marcaba las 11: 59 pm. La calle estaba oscura, como vestida de gala, la ciudad destellaba con varios tonos de rojo, verde y amarillo. El sonido de la felicidad, interrupido solo por el de la goma en ruta, encendia el fervor de la inocencia. Las luces se extendian distorcionadas a lo largo de la acera. El reflejo de mi ser, cercano me acompanaba, me detengo a contemplarlo, estaba ansioso, deseoso, con un brillo de ojo que no veia desde hace ya mucho tiempo, me carcomia la incertidumbre (esto era bueno) me sentia vivo, rebosante, sobresaturado en contentamiento. La vida era simple, todo tenia sentido...yo sonreia.

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